El plátano tiene fama de ser la fruta del potasio. Los deportistas lo comen, los nutriólogos lo recomiendan, todo el mundo lo asocia con ese mineral.
Lo que poca gente sabe es que una papa mediana con cáscara tiene más potasio que un plátano del mismo tamaño. Más. No igual. Más.
Una papa de tamaño mediano aporta alrededor de 900 miligramos de potasio. Un plátano mediano aporta unos 420. La papa casi dobla al plátano en ese nutriente y nadie le da el crédito que merece.
Pero eso no es todo.
La papa también aporta vitamina C en cantidades significativas — una papa mediana cubre casi el 30 por ciento de la necesidad diaria. Tiene vitamina B6, magnesio, hierro y fibra cuando se consume con cáscara.
El problema de la papa no es la papa. Es lo que le hacemos a la papa. Una papa al horno o cocida es un alimento muy completo. El problema llega cuando la bañamos en aceite, mantequilla, crema y queso — ahí la responsabilidad ya no es del tubérculo.
La papa sola, en su estado más natural, es uno de los alimentos más nutritivos y eficientes que existen. Por algo sostuvo civilizaciones enteras durante miles de años antes de que llegáramos nosotros a freírla.
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