Hay algo que cualquiera que haya cocinado papa nota pero pocos se detienen a entender: el mismo producto, cortado diferente, sabe diferente. No un poco diferente. Notablemente diferente.
¿Por qué?
Todo tiene que ver con la superficie, el almidón y el calor.
Cuando cortas una papa, expones el almidón que tiene adentro. Entre más superficie expuesta tenga el corte, más almidón queda en contacto con el aceite caliente durante la fritura. Y más almidón en contacto con el calor significa más reacción de Maillard — ese proceso químico que produce el color dorado y los sabores tostados que tanto nos gustan.
Una papa en bastón grueso tiene menos superficie relativa expuesta que una en bastón fino o en rebanada delgada. Por eso las papas tipo chip — muy delgadas — tienen ese sabor tostado, crujiente e intenso que las hace tan adictivas. Y por eso las papas en gajos gruesos saben más a papa y menos a fritura.
El corte también afecta la textura. Un corte fino fríe rápido, pierde humedad casi por completo y queda crujiente de lado a lado. Un corte grueso mantiene humedad adentro y queda crujiente por fuera pero suave por dentro.
No es magia. Es geometría y química trabajando juntas.
La próxima vez que comas unas papas fritas distintas a las de siempre, ya sabes exactamente por qué saben diferente.
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